
En el lugar donde vivo es verano, hemos tenido una ola de calor muy incómoda. Hace unos días atrás comenzó a llover y tuve que salir afuera a buscar algo. Sentir la lluvia de verano sobre mí me trasladó a mi infancia por lo que entré a mi casa y le dije a mi hija más chica, “tenés permiso para hacer una de las cosas más linda de la infancia, ponete el traje de baño y andá a bañarte bajo la lluvia de verano”. Sus ojos se iluminaron, mi esposo me sonrió aprobando la idea y de inmediato su hermana mayor adolescente se sumó a la propuesta. Al rato las vi desde la ventana saltando bajo la lluvia y dando gritos de alegría mientras mi esposo y yo nos reíamos desde adentro acomodando la compra.
La lluvia inspira renovación, basta con mirar las plantas luego de una buena lluvia, pareciera que agradecen volviéndose más hermosas. En cada embarazo cuando estaba cerca del parto, las abuelas me decían que mi trabajo de parto arrancaría con la lluvia y cuando llegué con mi primer embarazo a la maternidad en una noche de tormenta, una enfermera me dijo “ la lluvia trae bebés”. Se ha relacionado la lluvia con la vida y por supuesto que tiene todo que ver, qué ser vivo podría seguir viviendo sin agua? La lluvia es un fenómeno que purifica pero también a veces entristece e inspira melancolía tal vez por su sonido monótono, su perfume a tierra mojada o su juego con la luz.
Todo lo que genera sentimientos, emociones y conmueve de alguna manera al ser humano, este lo transforma en arte. Considero que el arte es muy necesario en la vida de un médico/a. En el hospital uno ve realidades muy duras, situaciones de abuso, de negligencia, muchas injusticias y tristezas debido al propio ser humano. En lo personal el arte me devuelve la fe en la humanidad, me recuerda la belleza que el ser humano es capaz de crear y me devuelve las ganas de ser parte de la solución y no del problema, poniendo mi grano de arena para que las personas puedan buscar lo mejor de sí mismas.
Hoy les traigo un poco de arte inspirado en lluvia. Primero una pintura. Viajemos a París, a finales del siglo XIX.
Gustave Caillebotte, un pintor, que también era ingeniero camina fascinado por la nueva estética urbana, la ciudad ha sido transformada por la modernización del Barón Haussmann, edificios imponentes, calles amplias, faroles de gas. Caillebotte tiene la sensación de alienación en esa ciudad transformada, se siente extraño, incapaz de identificarse allí, se siente solo por lo que decide plasmar esa sensación en su famosa pintura Rue de Paris, Temps de Pluie (Calle de París, tiempos de lluvia). En esta obra, las figuras se desplazan bajo paraguas en una calle mojada, con la lluvia como un velo que envuelve la escena. La pintura, a primera vista ordenada y simétrica, refleja en realidad una fría indiferencia: cada personaje parece sumido en su propio mundo, ajeno al otro. Es la lluvia como metáfora de la soledad en la modernidad. Interesante verdad?

Gustave Caillebotte, Public domain, via Wikimedia Commons
Ahora algo de literatura. Hablemos de Cien años de soledad – Gabriel García Márquez (1967). Lo leíste? En mi opinión es una obra maestra pero hay que poder ver allí los paralelismos con la conquista de América para poder sacarle su mayor provecho.
El mítico pueblo de esa obra llamado Macondo sufre un diluvio interminable que cae durante 4 años, once meses y dos días. La lluvia en esa obra es un castigo divino, una metáfora de la decadencia de los Buendía, la familia protagonista de la obra, una maldición que los arrastra. El escritor confesó que esta lluvia constante estuvo inspirada en su infancia en Aracataca, Colombia, donde los aguaceros podían durar días. Pero también era el reflejo de su propio proceso de escritura: una tormenta de recuerdos, imágenes y emociones que lo arrastraban en un torrente imparable hasta dar forma a su obra cumbre. De más está decir que fue premio nobel de literatura, grande Gabriel!
Por último un poco de cine. Cantando bajo la lluvia – Stanley Donen y Gene Kelly (1952)
En el Hollywood de los años 50, el cine musical vivía su época dorada. Sin embargo, el rodaje de Cantando bajo la lluvia estuvo lejos de ser un cuento de hadas. Gene Kelly, protagonista y codirector, bailó su icónica escena en medio de una fiebre de 39 grados, empapado bajo una lluvia artificial que estaba mezclada con leche para que se viera mejor en cámara. Quién pudiera imaginarlo, tan feliz que se ve allí!
Más allá de la anécdota, la película es una oda al optimismo: la lluvia no es obstáculo, sino escenario de alegría y libertad. Es un recordatorio de que, incluso en las peores circunstancias, se puede bailar y sonreír. Me gusta mucho esa escena.

Metro-Goldwyn-Mayer, Dominio público, via Wikimedia Commons
Como ves, la lluvia ha sido compañera de artistas en momentos de melancolía, inspiración o lucha. A veces, como en Caillebotte, es un reflejo de la soledad; en otras, como en Cantando bajo la lluvia, se convierte en un símbolo de resiliencia.
A tí, que sensaciones te produce la lluvia? Te gustan los días lluviosos? escribe tu comentario debajo de este artículo, me encantará leerte. Te invito a suscribirte a este blog para ayudar a que crezca y llegue a más personas. Debajo encontrarás un botón rojo de suscribirte, debes colocar tu correo electrónico allí (es gratis). Luego te llegará un link para corroborar que eres tú, a partir de entonces harás parte de mi comunidad de lectores y te llegarán mis artículos cada vez que escriba una nueva entrada a mi blog. Deseo mucho que lo hagas. Hasta la próxima!
Referencias bibliográficas:
- Caillebotte, G. (1877). Rue de Paris, Temps de Pluie. Museo de Arte de Chicago.
- García Márquez, G. (1967). Cien años de soledad. Editorial Sudamericana.
- Donen, S. & Kelly, G. (Directores). (1952). Singin’ in the Rain [Película]. MGM.









