
Cuando hablamos de San Valentín, nos vienen a la mente rosas, chocolates y, por supuesto, tarjetas muy adornadas y con un bonito mensaje en su interior. Sabías a quien le debemos el auge de esta tradición?
A una mujer visionaria llamada Esther Howland. Su emprendimiento no solo revolucionó la manera en que se celebraba el amor en el siglo XIX, sino que también marcó un hito en la industria de la papelería y el comercio en los Estados Unidos.
Esther Howland nació en 1828 en Worcester, Massachusetts, en el seno de una familia acomodada. Su padre era propietario de una librería y papelería, lo que la familiarizó desde joven con los materiales de escritura y decoración. En 1847 Esther recibió una tarjeta de San Valentín importada de Inglaterra. La belleza de esa tarjeta y el potencial comercial despertó su interés y decidió crear sus propias versiones.
Con una inversión inicial en materiales traídos de Europa, como encajes finos, papel de alta calidad y grabados coloridos, Howland comenzó a diseñar tarjetas en su casa. Su estilo se caracterizaba por el uso de adornos superpuestos, detalles florales y versos románticos meticulosamente escritos. Lo que inicialmente era un experimento pronto se convirtió en un negocio en crecimiento.
Para realizar una prueba de mercado Howland le pidió a su hermano que llevara la tarjetas en un viaje de negocios. Esperaba con esto vender unas pocos , pero recibió pedidos por un valor de 5.000 dólares! Eso para la época era una cifra significativa. Fue cuando tuvo que organizar su equipo de trabajo con mujeres que trabajaban desde su casa, eso le permitió tener independencia económica.
Bajo el nombre de New England Valentine Company, Howland perfeccionó la producción en serie de tarjetas sin perder la calidad artesanal que las caracterizaba. Su negocio creció rápidamente y estableció el estándar para la industria de tarjetas de felicitación en los Estados Unidos. Las creaciones de Howland no solo popularizaron la tradición de intercambiar tarjetas en San Valentín, sino que también abrieron camino para la industria moderna de tarjetas.
Esther Howland vendió su negocio en la década de 1880, pero su influencia perdura hasta hoy. Gracias a su visión, lo que antes era una costumbre europea limitada a un círculo pequeño se convirtió en una práctica extendida en todo el mundo. Sus diseños han inspirado generaciones de fabricantes de tarjetas, y su historia sigue siendo un ejemplo de creatividad y espíritu emprendedor .
Referencias
- Hall, M. (2001). Valentine’s Day: A Cultural History. Oxford University Press.
- Howland, E. (1850). The New England Valentine Company Archives. Massachusetts Historical Society.
- Schmidt, L. (2015). The Business of Sentiment: Commerce and Emotion in American Culture. Harvard University Press.